domingo, 16 de octubre de 2016

Voto y Poder Real

sábado, 15 de octubre de 2016

Guillier, ¿Guaripola de la unidad?



“Alejandro Guillier. Es un tipo que conozco, que me da confianza. Hay que elegirlo ahora, porque generalmente la política los corrompe. Aún está sano.” (Hernán Rivera Letelier, revista “Sábado”, 24 de septiembre de 2016, p.22)

Juan Jorge Faundes

La expresión circuló de boca en boca desde Iquique: “¡Guaripola de la unidad!”, pero referida al MAS. Así calificó a su partido en una reunión, me dijeron, un entusiasta militante del desierto nortino. Recordé mi niñez, y los desfiles en torno a la plaza de ese Temuco primaveral con el verde Ñielol de fondo. Y ese guaripola que marchaba al frente haciendo piruetas con la ídem a los sones vibrantes de tambores, clarines y trompetas. Y el guatón del bombo. Y el flaco de los platillos. El ruido de las botas sobre el pavimento: trash-chat, trash-chat, trash-chat. Imaginaba que mis soldaditos de plomo habían cobrado vida. En septiembre de 1973, en similar situación, Andrea, de diez años, los insultaba gritando “¡Devuélvanme a mi papá!”. Y cuando el capitán de guardia me quitó la venda... ¡Pero, no! Esa es otra historia. Retornemos al hilo de la columna.
Ante el descalabro y despelote en Politilandia, y la desconfianza de la gran mayoría popular que está al margen de esa elite, el periodista y actual senador independiente Alejandro Guillier, apoyado por el PR, el MAS y la IC, entre otros sectores de izquierda, podría convertirse en el “guaripola de la unidad” de un amplio espectro de partidos y movimientos sociales. Pero sin firmarle un cheque en blanco. Se requiere de un programa que reúna al menos las siguientes condiciones de orden general: Desde abajo, prospectivo y factible.

“Desde abajo”: que responda a las necesidades más sentidas de la población, considerando tales (dado el escaso tiempo que resta) aquellas que predominan en las encuestas. Las soluciones posibles serían construidas por su equipo asesor mediante una previa consulta a expertos en esas materias específicas. Luego, las soluciones se someterían a aprobación popular, usando como canales las redes de los concejales que está apoyando, además de aquellas de los partidos y movimientos sociales que se sumen. Para el caso de desacuerdo con alguna solución, debería haber una opción “otra” (y espacio para describirla).
“Prospectivo”, es decir, enmarcado en las condiciones objetivas que impone el Futuro. Entre las principales: conservación y recuperación del medioambiente; aumento de la probabilidad de vida y disminución de la mortalidad; masificación y globalización de las TIC y la cultura; persistencia del sistema capitalista —y sus variantes— en grado de mundialización; riesgo de expansiones fundamentalistas y totalitarias de cualquier signo. Así, las necesidades más sentidas de la población —y las soluciones aprobadas (más las sugeridas en el ítem “otras” en caso de ser mayoritarias)—, se insertarían en una estrategia de largo plazo dirigida a un futuro posible preconcebido. Éste debiera consistir en una sociedad con un sistema económico que impulse el crecimiento sustentable y que, al mismo tiempo, garantice la distribución de los bienes de consumo según la fuerza de trabajo (física o intelectual) aportada en el proceso productivo y según criterios de protección social para menores, ancianos, enfermos y personas con discapacidad. Es decir, la alimentación, vivienda, vestuario, salud, educación, bienes culturales y recreación, debieran estar garantizados para todos con un standard generalizado de alta calidad. Columna vertebral de la estrategia para conseguir ese futuro, el respeto absoluto a los derechos humanos personales, políticos, colectivos, culturales y ambientales.
“Factible”: la estrategia debe considerar la correlación de fuerzas y las condiciones objetivas y subjetivas, en un espacio y periodo dados, para evitar el fracaso producto de un voluntarismo basado en premisas falsas, pero, al mismo tiempo, un plan de acciones para trocar tal correlación y condiciones en favorables.-
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lunes, 3 de diciembre de 2007

PERIODISTAS: OBREROS DEL PENSAMIENTO AJENO... ( reactualizado con ocasión del Día de la Prensa 2011)

por Juan Jorge Faundes

El drama histórico de los periodistas chilenos y en general de los periodistas asalariados (les daremos este carácter aunque trabajen boleteando porque para los efectos prácticos es lo mismo) es vivir atrapados en su condición de cuádruples explotados.

¡Sí! ¡Cuatro veces explotados! Porque mientras el obrero de un aserradero con su fuerza de trabajo crea una sola mercancía: la madera, y el de una panadería el pan, y sufre por lo tanto una única explotación; el obrero periodista crea de una vez cuatro mercancías, en carambola, o a lo bomba de racimo, con efectos cada vez de mayor alcance: la información, el medio, la audiencia y el presente social de referencia.

LA MERCANCÍA
Como me resisto al fin de la Historia y de las Ideologías, y a que las ciencias sociales y la Economía Política sea cuestión de modas, y como prefiero decir con Robert K. Merton que “ahora casi acarrea prestigio reconocer la existencia de la lucha de clases” (por supuesto que lo dijo en 1949, con su primera edición de Teoría y Estructuras Sociales, lo que no implica que 58 años después la lucha de clases se haya extinguido sólo porque echaron abajo el muro de Berlín, o cayeron los llamados socialismos históricos de la URSS y Europa del Este, o se capitalizó el Partido Comunista chino, lo que no invalida la teoría económica que explica la explotación y la acumulación capitalista) me he propuesto examinar el trabajo de producción periodístico desde esta óptica.

En El Capital, Marx define la mercancía del siguiente modo:

“La mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior, una cosa que merced a sus propiedades satisface necesidades humanas del tipo que fueran (...) Cada una de esas cosas es un conjunto de muchas propiedades y puede, por ende, ser útil en diversos aspectos (...)La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso (...)El valor de uso se efectiviza únicamente en el uso o en el consumo. Los valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza, sea cual fuere la forma social de ésta (...) En la forma de sociedad que hemos de examinar, son a la vez los portadores materiales del valor de cambio... En primer lugar, el valor de cambio se presenta como relación cuantitativa, proporción en que se intercambian valores de uso de una clase por valores de uso de otra clase...”[1]

En resumen, una mercancía es un objeto que satisface una necesidad humana, que no se produce para el propio consumo sino con destino a su cambio, a la venta. Su propiedad de satisfacer una necesidad, de ser demandada por otros humanos, la hace ser un valor de uso. Su capacidad de ser cambiada por otro valor de uso, le imprime un valor de cambio. ¿Es el producto del trabajo periodístico una mercancía?

EL PRODUCTO PERIODÍSTICO COMO MERCANCÍA
Un texto periodístico, cualquiera sea su género (noticioso, analítico o de opinión), sin duda responde a una necesidad humana de información (de saber qué está pasando más allá de mi individualidad, o más allá de mi grupo de referencia, qué oportunidades o amenazas se nos presentan o ciernen). Tiene por lo tanto utilidad, es un valor de uso, y no es para mi consumo personal, es para que otros sepan qué está pasando, por qué está pasando, qué efectos tendrá lo que está ocurriendo, etc. El interés que despierta en otros le otorga un valor de cambio: puedo cambiar esta información por otro valor de uso, o por algo que represente el valor, como el dinero.

Un artículo periodístico es por lo tanto una mercancía: una mercancía-información. Si trabajo free-lance, vendo cada uno de mis artículos. Si trabajo empleado, mi salario es el precio por mi fuerza de trabajo y la empresa (el patrón) venderá la mercancía-información en el conjunto de artículos que componen su medio (diario, revista, radio, noticiero de TV, etc.)

Y aquí aparece la segunda mercancía: el medio, o mercancía-medio, que es como una carcaza que contribuyo a llenar con mis artículos, lo que también hacen otros colegas (en diversas cantidades, según el tamaño del noticiero de TV, diario, noticiero de radio, revista, diario electrónico, etc.). El medio es elaborado colectivamente por una gran y diversa cantidad de trabajadores, no sólo periodistas, y tiene valores de uso múltiples: sirve para la vigilancia del ambiente (la gente se entera de lo que está pasando: de las amenazas, de las oportunidades para cada uno, para su grupo, para la especie, construye modelos de situación y de contexto[2]); sirve para la transmisión de la herencia cultural[3]; para la correlación de grupos (organización, consenso, producción de respuestas apropiadas a problemas identificados con la vigilancia) y también es útil para la entretención[4], que son las funciones observadas en todo hecho comunicacional.
Luego, en virtud del consumo de la mercancía-medio, el periodista contribuye a crear la mercancía-audiencia (que es el grupo de lectores, televidentes, auditores o cibernautas que consumen el respectivo medio), la que es comprada por el mercado publicitario. Sabido es que los medios viven por la venta de audiencia (por el avisaje) más que por la circulación (venta de ejemplares).

La cuarta mercancía a la que el periodista contribuye es el Presente Social de Referencia[5], la visión del mundo socialmente compartida que cada individuo de la sociedad usa como referente para tomar sus decisiones y que renta beneficios a la burguesía comunicacional[6] en forma de poder, pues consiste en los temas y opiniones que a ella le interesan, y que ella instala, para ejercer su dominio e influencia. No es por casualidad que los grandes grupos económicos, en todos los países, monopolizan los principales medios de comunicación social. Se trata de tener el control sobre las agendas predominantes: sobre los temas de que la gente habla y de lo que opina sobre ellos. En estos 100 años, en Chile, previo al triunfo de la Unidad Popular y a la votación en el Congreso por Salvador Allende, en 1970, predominó una campaña del terror para disuadir a los electores primero y a los congresistas después. Luego vino la campaña de desprestigio del gobierno socialista y la creación de un ambiente propicio para el golpe militar. Aquella fue una batalla comunicacional por posicionar temas y opiniones en el presente social de referencia. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 aniquiló militarmente a los medios gobiernistas e independientes, apresó, torturó, relegó, exilió y asesinó a sus periodistas e impuso a sangre y fuego el dominio de los medios de la burguesía comunicacional. Pasaron varios años antes de que la prensa opositora a la dictadura fuera abriéndose paso.

En este punto relativo al presente social de referencia, cobra vigencia el concepto de violencia simbólica del sociólogo Pierre Bourdieu: “...más que la violencia física o cualquiera otra forma de coacción mecánica, constituye el mecanismo principal de la reproducción social, el medio más poderoso de mantenimiento del orden”[7]. Pues a través de la información se van inculcando formaciones mentales duraderas, que Bourdieu llama “hábitus”, que se perpetúan en el tiempo, y que podemos identificar como creencias, valores, normas, actitudes, etc. Pertenecientes a una cultura arbitraria que es vista por los consumidores de la información como legítima. Sin ir más lejos, este mismo ensayo puede ser valorado de manera negativa por lectores que han adherido a la creencia del “fin de las ideologías”, que en sí misma constituye una ideología que se erige sobre la supuesta eliminación de las ideologías pre-existentes.

En síntesis: el artículo de un periodista sumado a los muchos artículos de otros periodistas compone un medio y éste, por un lado crea audiencia que interesa a las agencias de publicidad y otros anunciantes, y por otro genera un presente social de referencia que favorece los intereses de la clase social que está ejerciendo el poder.

EL PERIODISTA ASALARIADO, UN OBRERO EXPLOTADO
Ahora, ¿por qué el periodista es un trabajador explotado?
De acuerdo con Marx & Engels la explotación se produce cuando el capitalista se apropia del plusvalor creado por la fuerza de trabajo del obrero, disfrazándolo de ganancia. Así, si con dos horas de una jornada de ocho el capitalista paga el precio de la fuerza de trabajo, su plusvalor será el equivalente a la mercancía producida en seis horas.

El periodista asalariado es explotado económicamente más que cualquier otro trabajador. Vende su fuerza de trabajo por un precio, pero la mercancía rinde cada vez más. Le genera utilidades al capitalista como información, como medio, como audiencia y como presente social de referencia. Pero, además, en este proceso de cuádruple explotación, el periodista se hace extraño a sí mismo, se le genera extrañamiento (que es una forma de locura: la ausencia de sí mismo, la posesión por otras entidades). El individuo es poseído y movido a crear pensamiento ajeno, con lo que contribuye a la enajenación de la audiencia y por lo tanto se hace cómplice. Muchas veces, ¿la generalidad de las veces?, el colega no se da cuenta de su enajenación. Y, dicho en términos coloquiales: “se cree el cuento” y se transmuta en operario del pensamiento ajeno.

Un famoso sociólogo norteamericano (C. Wright Mills) lo decía en su ensayo “El papel social del intelectual”[8]: “Si el escritor es el empleado de una ‘industria de información’, sus fines generales son determinados, por supuesto, por las decisiones de otros y no por su propia integridad (...) Entre el intelectual y su público potencial hay estructuras técnicas, económicas y sociales que son propiedad de otros y son manejadas por otros”. Para qué decir la claridad con que más de un siglo antes de C. Wright Mills, lo dijeron Marx & Engels:

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.
“La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia...” [9]

Hoy habrían incluido “al periodista”. Es que los intérpretes políticos de Marx y Engels en forma demasiado rápida redujeron la categoría de “obrero” y “proletario” usada por ellos, amplia, que incluía a todo hombre que en la necesidad de vivir y reproducirse él y su familia estaba obligado a vender su fuerza de trabajo, equivalente a la noción actual de “trabajador”, a un “obrerismo” jibarizador y castrador de la fuerza histórica de la clase proletaria; lo que resultó funcional en último término a la burguesía.

El “obrero”, el “proletario” es el dueño y vendedor de su fuerza de trabajo. Y ésta no se reduce al músculo, sino que incluye, explícitamente al cerebro: “...el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia necesarios para la conservación del poseedor de aquella (...) en virtud de su puesta en actividad, que es el trabajo, se gasta una cantidad determinada de músculo, nervios, cerebro, etc., humanos, que es necesario reponer...”[10] ¡Se gasta cerebro en la puesta en acción de la fuerza de trabajo! Y agrega: “Por fuerza de trabajo o capacidad de trabajo entendemos el conjunto de las facultades físicas y mentales que existen en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso de cualquier índole...”[11]. En consecuencia, la fuerza de trabajo no sólo es bruta, también es mental.

No pone Marx un límite, no dice cuánto músculo ni cuánto cerebro. Más bien, habla de trabajo “simple” y trabajo “complejo”. Este último, en una misma unidad de tiempo, crea un valor de mayor magnitud. Y de “valores de uso de cualquier índole”. El trabajo del periodista suele usar más el cerebro que el músculo (que se limita a sostener la grabadora y a golpetear las teclas del computador) y produce valores de uso de índole discursiva (mental) y social (cultural) como lo es la información en sus diversas manifestaciones (noticiosa, analítica, opinante).
No es por obra del azar que tres de los cinco mártires de Chicago fueron periodistas, un cuarto, tipógrafo y un quinto, carpintero: Adolf Fischer, alemán, 30 años; Albert Parsons, estadounidense, 39 años y Hessois Aguste Spies, alemán, 31, eran periodistas; Georg Ángel, alemán, 50 años, tipógrafo, y Louis Linng, alemán, 22, carpintero.
El periodista José Martí, corresponsal en Chicago de La Nación de Buenos Aires, escribió el siguiente relato:

...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable...[12]

El carpintero Linng se había suicidado en su celda para evitar la ejecución. Fischer había redactado e impreso la siguiente octavilla (de la que se imprimieron y distribuyeron 25.000 ejemplares el 4 de Mayo de 1886, en la plaza Haymarket de Chicago, luego de una masacre perpetrada por la policía el día anterior):

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!. [13]

Los periodistas protagonistas de los hechos iniciados el 1º de Mayo de 1886, tenían muy clara su condición social de clase trabajadora. De obreros. De proletarios. Como no fueron operarios del pensamiento ajeno, sino del propio, del anarquista, los ahorcaron el 11 de Noviembre de 1887.

LA MATERIA PRIMA DEL OBRERO PERIODISTA
¿Con qué materia prima trabaja, o sobre qué materia prima aplica su fuerza de trabajo el obrero periodista? El obrero periodista trabaja sobre los discursos de sus fuentes, es decir, con una materia prima informativa, discursiva. No es directamente con los hechos, o, mejor, rara vez siendo testigo de los hechos, más raro aún, experimentándolos. No obstante aún cuando así fuese, trabajará con su propio discurso: con su memoria, con sus apuntes, con sus grabaciones, sus fotografías. Porque la realidad es fugaz. Lo que ocurrió ya no vuelve a suceder. Las fuentes del periodista son individuos en algunos casos y, en otros, actores sociales[14]. Y el objeto: la actualidad en su devenir, en su fugacidad, en su improbabilidad, y en su impacto cualitativo y cuantitativo en la especie, en la sociedad y la cultura, en las clases sociales, en los grupos.

¿De qué manera transforma esa materia el periodista y le transmite un mayor valor? Reordenando aquellos discursos, desbaratándolos, relacionándolos, generalizando, omitiendo, distorsionando, construyendo una información nueva a la que le imprime su propio valor negentrópico (grado de incertidumbre que resuelve a los destinatarios), su propio valor situacional (su grado de pertinencia a los modelos de contexto, estrategias y políticas tanto del emisor como del receptor) y su propio valor en juego (aquellos efectos que quiere lograr, aquellos hechos sociales que quiere provocar)[15]. Es decir, construyendo pensamiento propio. El problema es cuando, dado que ha vendido su fuerza de trabajo, el periodista debe hacer de amanuense de su patrón y construir pensamiento ajeno.

¿Con qué medios de trabajo e instrumentos de producción cuenta el periodista? Aparte de los edificios, maquinarias y equipos de la empresa, el instrumento de producción por excelencia del obrero periodista es su cerebro.

¿Cuál es el salario promedio del reportero chileno?Un sondeo flash realizado por estudiantes de periodismo de la Universidad ARCIS el lunes 24 de septiembre de 2007 en los principales puntos de trabajo periodístico[16], mostró que el salario promedio de los reporteros es del orden de los 250.000 pesos (unos US$500). Lo que comparado con las utilidades de las grandes empresas que monopolizan el campo periodístico en los diversos formatos, particularmente la TV y el duopolio Mercurio-COPESA, revela una brecha gigantesca.

Sólo a modo de ejemplo: $13.036 millones de pesos (26 millones de dólares) fueron las utilidades totales de los cinco canales de televisión abierta el 2006[17]. Chilevisión alcanzó los 5.201 millones (10 millones de dólares) y el Canal 13 y TVN superaron cada uno los 3.000 millones (seis millones de dólares).

Pero hoy como ayer, la explotación del periodista no sólo es económica. Por sobre todo, sigue siendo mental: el periodista asalariado (aunque se le pague honorarios, lo que aumenta la explotación pues se le exprime hasta la salud y la pensión de vejez) debe articular sus neuronas y sinapsis para aplicar la línea editorial de su medio, para ceñirse al manual de estilo y otras normas que son el pensamiento estereotipado de su patrón, se les castra su capacidad de generar ideas propias y se le entrena como amanuense para adornar y hacer digeribles las creencias ajenas que justifican, sostienen y reproducen el sistema global de explotación.

En sus ojos usa lentes que filtran lo que debe ver y cómo lo debe ver. Y anteojeras que le ayudan a usar sólo la perspectiva del dueño (a quien no ve y ni siquiera conoce porque desde el amo hasta el esclavo hay una larga cadena de transmisión que culmina en “su” editor quien se refiere literalmente a él o ella como “mi” reportero o reportera).

Durante la dictadura tenía que ver “enfrentamientos” donde había “ejecuciones”. Hoy tiene que ver “vándalos” donde hay estudiantes y “delincuentes” donde hay furia social. Y hay infinidad de hechos que no ve, ni siquiera con la perspectiva del dueño.

Su código de ética, que lo impele a promover, fiscalizar y defender los derechos humanos, es letra muerta. Lo único vivo, es él. Y lo que contribuya a él. Y eso es en el actual sistema neoliberal que lo aprisiona con la camisa de fuerza del traje y la corbata en que lo obligaron a forrarse desde que inicio su práctica profesional y dejó de ser un combativo dirigente estudiantil.

Sin embargo, la relación de poder patrón-obrero no ha cambiado. Y mientras vender la fuerza de trabajo sea una necesidad, habrá que seguir laborando. El periodista es un obrero, un proletario, un trabajador. En la mayoría de los casos un obrero del pensamiento ajeno (y hasta un capataz de la violencia simbólica). Esa es la diferencia entre trabajar en una fábrica de zapatos y en una industria cultural. Sería injusto decir que la época de los periodistas anarquistas, cronopios, bohemios, poetas y opinantes, ha terminado; que se quedó en los 70. Hay viejos y jóvenes que demuestran lo contrario. Pero también nos toca aguantar a los que cuando alcanzan notoriedad, y de obreros ascienden a opinólogos y capataces mediáticos del poder, no presentan noticias, sino dictan discursos que les envidiaría un ministro del Interior.-
(Escrito y publicado en su primera versión en diciembre de 2007; reactualizado con ocasión del Día de la Prensa en Chile, con ocasión de la aparición de La Aurora de Chile, el 13 de Febrero de 1812)


NOTAS:[1] K. Marx, El Capital ( I, I, 1): http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/1.htm
[2] Categorías de la psicología cognitiva asumidas por Teun A. Van Dijk en sus análisis del periodismo.
[3] El texto periodístico, como todo discurso transmite ideología, representaciones o cogniciones sociales, guiones. En ese sentido, el texto periodístico es un "producto cultural", o sea, una variable dependiente de un sistema de variables llamado cultura. Ello implica que aunque biológicamente el destinatario realice la tarea de descodificar, de seleccionar el sentido, en el hecho está siendo manipulado a control remoto por la cultura emisora. Así, el destinatario es enajenado en su facultad de semiotizar, de construir discurso, de producir significación. El destinatario, en el vigente periodismo occidental de masas, no habla, es hablado por el sistema cultural que comparte y por quienes ejercen el poder de posicionar sus unidades culturales en ese sistema, no sólo el destinatario es “hablado”, sino también el propio periodista. (Cfr.: Juan Jorge Faundes M., «Retos que el periodismo plantea a su investigación y enseñanza en las universidades», en Alicia ENTEL (compiladora), Periodistas: entre el protagonismo y el riesgo, Bs. As., Paidós, 1997, p. 406.
http://www.dialogosfelafacs.net/articulos/pdf/51JuanFaundes.pdf)
[4] Harold D. Lasswell (las tres primeras funciones), Charles Wright (entretención).
[5] Gomis, Lorenzo. Teoría del periodismo: cómo se forma el presente. -- Barcelona : Paidós, 1991. -- 212 p.. -- (Paidós Comunicación / ; 22)
[6] José Javier Esparza (Valencia, 1963) es periodista y ensayista y al parecer (al menos según el buscador Google) el primero en usar este término: burguesía comunicacional, en el contexto de un artículo de crítica de espectáculos: “Mejide”, publicado en diversos medios de prensa española. La burguesía comunicacional merece un capítulo aparte, pero cabe señalar que uno de sus exponentes mundiales es Rupert Murdoch, estadounidense australiano dueño de News Corporation, que engloba The Sun, The Times y las cadenas satelitales Fox y Sky, entre una gran cantidad de medios de Norteamérica, Europa y Astralia. En lo local, Agustín Edwards y Sebastián Piñera son dos de sus exponentes.
[7] Bourdieu, Pierre & Passeron, Jean-Claude, La Reproducción. Laia, Barcelona, 1981.
[8] Publicado en 1964 en la colección Poder, Política, Pueblo (México - Buenos Aires, FCE, p. 228)
[9] K. Marx & F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1848, parte I, negritas nuestras: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
[10] Marx, El Capital, I, IV, 3
[11] Marx, El Capital, I, IV, 3
[12] Fuente: http://www.me.gov.ar/efeme/diatrabajo/primero.html
[13] Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Día_Internacional_del_Trabajo
[14] Un actor social podemos comprenderlo como un sistema compuesto por individuos que comparten una cultura, una suerte de entidad social, un colectivo, sea institución, organización, pandilla, familia, etc.
[15] Robert Escarpit, Teoría de la Información y Práctica Politica, Mx, FCE, 1983.
[16] Periódico electrónico Escuela de Periodismo y Comunicación Social ARCIS
[17] Superintendencia de Valores y Seguros de Chile (SVS).

@Juan Jorge Faundes Merino (Autorizada su reproducción citando la fuente)
Publicado en Indymedia.org

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lunes, 5 de noviembre de 2007

Mattelart: "Resistir, Reflexionar, Realizar"



  • "Terminar con este corte que se operó entre los intelectuales y la sociedad”
  • "Si no empezamos, nunca vamos a arreglar las cosas"
  • "El problema es actuar cada uno a partir de su cultura"
  • "Cuando tú has vivido el proceso chileno, no puedes dejar de ser radical, a menos que te pases al otro lado, pero digamos que yo he aprendido finalmente a ser más tolerante"

    por Juan Jorge Faundes M
    . (Lima, 1999 *)

    Mil quinientos académicos y estudiantes de América Latina y España lo ovacionan de pie, por largos minutos, en el amplio salón de convenciones de la Universidad de Lima. Es el penúltimo día del agotador IX Encuentro de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS) y, por primera vez, una atmósfera que vibra, ojos que relumbran y se humedecen, manos que se aplastan fuerte la una contra la otra. Armand Mattelart —profesor investigador de la Universidad Paris 8, sesenta años, chaqueta color arena y camisa ploma, un revuelto cabello gris— se sonroja, sonríe con timidez, se alza entre triunfal y humilde. Jamás esperó ese fervor, aunque ya algo se había anticipado el día anterior en un conversatorio con estudiantes. La aclamación es a su crítica a la “ideología globalitaria” y al “tecnoglobalismo", a su llamado a la resistencia para evitar la capitulación que implica someterse al “metabolismo neo-darwiniano de la adaptación necesaria”, al “rol legitimador del sistema global de dominación” . Mattelart ha llamado a “dejar de ser pusilánimes frente a ese término”.

    A la ideología globalitaria, Mattelart opone el cosmopolitismo democrático, concepto acuñado en el siglo pasado (1842), cinco años antes del Manifiesto de Marx y Engels, por Flora Tristán, pionera del feminismo. Agrega que “cada vez más estamos precipitados en las lógicas de la actualidad inmediata” y que “es imposible entender el presente corriendo detrás de lo actual”. Por eso llama a ponerse en contra del olvido, a combatir el empobrecimiento de las palabras, por eso ha incorporado la historia en su trabajo, por eso “lo que he tratado de hacer en los últimos años es construir una historia de la comunicación aparejada con la lógica de los sistemas. En Comunicación Mundo trato de construir la historia de la internacionalización de la comunicación”. Recuerda que “la palabra transnacional —en el sentido que trasciende los países—fue creada por economistas chilenos que trabajaron al lado de Allende” y que “el primer complot contra la Unidad Popular es simbólica y materialmente de la industria electrónica a través de la ITT...” Pero aclara que “no soy tecnófobo, estoy por un acercamiento desde la apropiación social de la tecnología”.

    El Cono Sur le ofrece una cena de homenaje. En la intimidad del reencuentro, relata que tras su expulsión de Chile el 73 (lo pusieron en un avión con sus dos niños, Michelle estaba en Cuba), aún siendo europeo y belga, se sintió un chileno exiliado en Francia. Y cuenta que soñó una pesadilla, todas las noches, hasta que pudo volver a Chile, cuando le alzaron la prohibición de ingreso, ya avanzado el gobierno de Aylwin. Se le termina la pesadilla, pero al recorrer Santiago no puede sino exclamar horrorizado: “¡Han ganado!...”

    Cuenta que él se formó en este país, al que llegó en 1962, a los 25 años. Michelle llegó al año siguiente, tenía 21. “Los primeros años son tan determinantes”, reflexiona. “Tuve la suerte de vivir once años en Chile, y los tres de la Unidad Popular. Volver a América Latina es para mí volver a la memoria fundacional. Yo aprendí en América Latina a entender políticamente el mundo...”

    —¿Qué te pareció ésta mañana? —pregunta, ya en el hotel.

    Le digo que esa larga ovación parece una reacción de esperanza ante, al fin, un horizonte. Y que sería la aclamación del concepto cosmopolitismo democrático.

    —Mira, lo que noté realmente durante este congreso —replica—, es que hubo un proceso de maduración. Es evidente que —y mucha gente me lo había dicho y yo lo había sentido también— estábamos discutiendo un problema fundamental, pero dejando de lado lo que antes hubiéramos llamado la superestructura.

    Le comento que la noción de cosmopolitismo democrático, a mi juicio, como concepto, es útil para describir hoy un fenómeno de planetarización que ya existe, pero que, como ideal, es una utopía que norma la futura sociedad planetaria y que nos convoca, teleológicamente, a la acción.

    Responde que no hay que olvidar nunca las tres erres: "Resistir, Reflexionar, Realizar. Sin las tres tú no puedes definir la palabra resistencia. Por el momento, lo que nos queda, nuestra tarea, es tratar de articular las tres erres. Terminar con este corte que se operó entre los intelectuales y la sociedad. A mí me parece fundamental. .."

    Plantea que además “es también fundamental tener una real reflexión sobre lo que es la relación entre la técnica y la democracia. Hemos postergado demasiado el problema de la apropiación de la tecnología por, finalmente, los ciudadanos. Yo creo que una de las causas fundamentales del aumento de las desigualdades y del desfase, es realmente la tecnología.” Subraya que “el valor fundamental es volver a la noción de solidaridad, que es la noción que cada vez ha sido esencial en la historia de los dos últimos siglos, pero que hemos olvidado porque por el momento estamos todos unos en contra de otros. Como decían ayer, el otro es el enemigo. Pero esos son tejidos de solidaridad que se recrean, y eso toma tiempo. El tipo de esperanza que podemos infundir y por la cual podemos ser llevados, es lo que llamo la esperanza trágica, una esperanza trágica que es fundamental porque, como decía, sin esperanza no hay ninguna democracia”.

    —Pero trágica no en el sentido de tragedia griega...

    “No, no, no. En el sentido de que es doloroso. Y que finalmente no debemos dejar lo que llamo las ideologías de la salvación, que nos han marcado tanto tiempo desde principios del siglo anterior...”

    —No dejarlas, sino que recuperarlas, ¿no?

    “Sí, sí. La única solución es la recomposición de las sociedades civiles tanto en el Norte como en el Sur, a partir de la condición que es ahora única: que a pesar de modalidades distintas, estamos frente a un modelo que se nos plantea como único.”

    (* Entrevista publicada en 1999 y rescatada a propósito de su venida a Chile este mes de Noviembre)

lunes, 27 de agosto de 2007

Objeto de estudio del Periodismo (I)


Como toda disciplina el periodismo tiene un objeto de estudio (fugaz, que se nos escapa, pero que está ahí, transcurriendo), la llamada "actualidad", que me atrevo a definir así: los fenómenos de cualquier naturaleza en tanto y en cuanto su improbabilidad e impacto respecto de la especie humana, las sociedades, clases sociales o grupos, según quienes sean los destinatarios. Es decir: un conocimiento nuevo para el destinatario de nuestro mensaje (sobre un hecho cuya ocurrencia tuvo para él un grado de probabilidad), pero al mismo tiempo un suceso que le impacta bio-culturalmente, pues el hecho de que da cuenta ese conocimiento nuevo le afecta o le afectará en alguna medida mayor o menor en su biología, en sus creencias, en sus conocimientos, en sus valores, en sus normas, en sus actitudes, en sus costumbres, en sus organizaciones y relaciones con otros, en sus objetos y monumentos, etc.

¿Por qué "de estudio"? Porque antes de comunicar (de la elocutio, dirían los retóricos clásicos), es menester la inventio (del latín invenire = hallazgo), es decir: la investigación, el estudio. Lo que en la jerga periodística se llama reporteo. Aunque sea en un grado menor, es estudio.

Podemos distinguir tres grados:

Grado 1. Investigación propia.- El periodista será autor directo de la investigación y del hallazgo (los llamados ovnis gigantes son fotos infrarojas de la Luna, en Chile el 60% de la población queda al margen de la justicia por razones económicas) y se transformará en fuente primaria para sus colegas y otros investigadores.

Grado 2. Sistematización.- Con fuentes primarias, elaborará un trabajo de sistematización, llegará a conclusiones nuevas. Si es sólo un resumen, el producto de su trabajo será una fuente secundaria. Es habitual en los reportajes. Pero si llega a conclusiones nuevas mediante la razón, la reflexión, la lógica, podría llegar a ser primaria (es "su" hallazgo).

Grado 3. Disposición.- También se da, y con frecuencia en la práctica habitual, que el reportero parece no aportar nada al discurso emitido por una fuente, sin embargo, sí hay un trabajo de elaboración, de selección, de jerarquización, de generalización (de dispositio). Es común en las notas informativas.

Grado Cero. Transmisión.- Y aquí entramos en colisión con la práctica habitual: no es investigación ni periodismo ser un mero clable de transmisión (poner la grabadora) . Eso es relaciones públicas.

viernes, 17 de agosto de 2007

CiberPeriodismo... Algunas definiciones


Para comenzar el CiberPeriodismo ya adquirió carta de ciudadanía. Fue reconocido como legítimo por los que en el Norte premian el buen periodismo. "Los miembros del jurado del Pulitzer, el galardón más reconocido del periodismo escrito, han acordado aceptar todos los trabajos digitales de los periódicos, incluyendo gráficos animados, blogs y las emisiones de vídeo en todas las categorías del premio." (El País, 2006)

Si el Tío Sam lo dice, entonces, así será.

¿Qué es el "CP" o "periodismo digital" o "periodismo electrónico"?

Profesor Ramón Salaverría, "es la especialidad del periodismo que emplea el ciberespacio para investigar, producir y, sobre todo, difundir contenidos periodísticos".

Quim Gil: El verdadero periodismo digital es el periodismo en red que "rompe con la comunicación lineal y unidireccional" e implica una serie de cambios fundamentales respecto a las rutinas del periodismo tradicional (en papel, radio, tv o trasladado a la red).

Alberto Etxaluze Orozko : "El periódico electrónico, ese que definimos como producto interactivo y multimedia, integra diferentes recursos como el texto, la imagen, el vídeo y el sonido; y está revolucionando los conceptos básicos del periodismo impreso. El periodismo en Internet no solamente lo encontramos en las páginas de periódicos on line, televisión on line o radio on line, también está presente en otros sitios. La recepción de información en los móviles nos presenta un nuevo desafío. Algunos conflictos legales dan muestra de que el periódico on line es un nuevo medio."

El ciberperiodista

Por mi parte, pienso que el periodista digital, o ciberperiodista, es un profesional que usa la informática y sus potencialidades para la labor periodística clásica de investigar (entre otras posibilidades consultar y crear bases de datos), procesar (analizar e interpretar) y "conversar" --en vez de comunicar -- información en diálogo interactivo (aunque suene redundante).

Un profesional capaz de generar y desarrollar medios de comunicación social digitales sea en calidad empleado, prestador de servicios independientes o de dueño de su propia empresa.

Un profesional capaz de contribuir didácticamente a la disminución de la brecha digital como alfabetizador digital.

Un profesional capaz de actuar como agente u operador de la emergente democracia digital, como facilitador o consultor de organizaciones de la Sociedad Civil, el Estado o la empresa privada.