lunes, 5 de noviembre de 2007

Mattelart: "Resistir, Reflexionar, Realizar"



  • "Terminar con este corte que se operó entre los intelectuales y la sociedad”
  • "Si no empezamos, nunca vamos a arreglar las cosas"
  • "El problema es actuar cada uno a partir de su cultura"
  • "Cuando tú has vivido el proceso chileno, no puedes dejar de ser radical, a menos que te pases al otro lado, pero digamos que yo he aprendido finalmente a ser más tolerante"

    por Juan Jorge Faundes M
    . (Lima, 1999 *)

    Mil quinientos académicos y estudiantes de América Latina y España lo ovacionan de pie, por largos minutos, en el amplio salón de convenciones de la Universidad de Lima. Es el penúltimo día del agotador IX Encuentro de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS) y, por primera vez, una atmósfera que vibra, ojos que relumbran y se humedecen, manos que se aplastan fuerte la una contra la otra. Armand Mattelart —profesor investigador de la Universidad Paris 8, sesenta años, chaqueta color arena y camisa ploma, un revuelto cabello gris— se sonroja, sonríe con timidez, se alza entre triunfal y humilde. Jamás esperó ese fervor, aunque ya algo se había anticipado el día anterior en un conversatorio con estudiantes. La aclamación es a su crítica a la “ideología globalitaria” y al “tecnoglobalismo", a su llamado a la resistencia para evitar la capitulación que implica someterse al “metabolismo neo-darwiniano de la adaptación necesaria”, al “rol legitimador del sistema global de dominación” . Mattelart ha llamado a “dejar de ser pusilánimes frente a ese término”.

    A la ideología globalitaria, Mattelart opone el cosmopolitismo democrático, concepto acuñado en el siglo pasado (1842), cinco años antes del Manifiesto de Marx y Engels, por Flora Tristán, pionera del feminismo. Agrega que “cada vez más estamos precipitados en las lógicas de la actualidad inmediata” y que “es imposible entender el presente corriendo detrás de lo actual”. Por eso llama a ponerse en contra del olvido, a combatir el empobrecimiento de las palabras, por eso ha incorporado la historia en su trabajo, por eso “lo que he tratado de hacer en los últimos años es construir una historia de la comunicación aparejada con la lógica de los sistemas. En Comunicación Mundo trato de construir la historia de la internacionalización de la comunicación”. Recuerda que “la palabra transnacional —en el sentido que trasciende los países—fue creada por economistas chilenos que trabajaron al lado de Allende” y que “el primer complot contra la Unidad Popular es simbólica y materialmente de la industria electrónica a través de la ITT...” Pero aclara que “no soy tecnófobo, estoy por un acercamiento desde la apropiación social de la tecnología”.

    El Cono Sur le ofrece una cena de homenaje. En la intimidad del reencuentro, relata que tras su expulsión de Chile el 73 (lo pusieron en un avión con sus dos niños, Michelle estaba en Cuba), aún siendo europeo y belga, se sintió un chileno exiliado en Francia. Y cuenta que soñó una pesadilla, todas las noches, hasta que pudo volver a Chile, cuando le alzaron la prohibición de ingreso, ya avanzado el gobierno de Aylwin. Se le termina la pesadilla, pero al recorrer Santiago no puede sino exclamar horrorizado: “¡Han ganado!...”

    Cuenta que él se formó en este país, al que llegó en 1962, a los 25 años. Michelle llegó al año siguiente, tenía 21. “Los primeros años son tan determinantes”, reflexiona. “Tuve la suerte de vivir once años en Chile, y los tres de la Unidad Popular. Volver a América Latina es para mí volver a la memoria fundacional. Yo aprendí en América Latina a entender políticamente el mundo...”

    —¿Qué te pareció ésta mañana? —pregunta, ya en el hotel.

    Le digo que esa larga ovación parece una reacción de esperanza ante, al fin, un horizonte. Y que sería la aclamación del concepto cosmopolitismo democrático.

    —Mira, lo que noté realmente durante este congreso —replica—, es que hubo un proceso de maduración. Es evidente que —y mucha gente me lo había dicho y yo lo había sentido también— estábamos discutiendo un problema fundamental, pero dejando de lado lo que antes hubiéramos llamado la superestructura.

    Le comento que la noción de cosmopolitismo democrático, a mi juicio, como concepto, es útil para describir hoy un fenómeno de planetarización que ya existe, pero que, como ideal, es una utopía que norma la futura sociedad planetaria y que nos convoca, teleológicamente, a la acción.

    Responde que no hay que olvidar nunca las tres erres: "Resistir, Reflexionar, Realizar. Sin las tres tú no puedes definir la palabra resistencia. Por el momento, lo que nos queda, nuestra tarea, es tratar de articular las tres erres. Terminar con este corte que se operó entre los intelectuales y la sociedad. A mí me parece fundamental. .."

    Plantea que además “es también fundamental tener una real reflexión sobre lo que es la relación entre la técnica y la democracia. Hemos postergado demasiado el problema de la apropiación de la tecnología por, finalmente, los ciudadanos. Yo creo que una de las causas fundamentales del aumento de las desigualdades y del desfase, es realmente la tecnología.” Subraya que “el valor fundamental es volver a la noción de solidaridad, que es la noción que cada vez ha sido esencial en la historia de los dos últimos siglos, pero que hemos olvidado porque por el momento estamos todos unos en contra de otros. Como decían ayer, el otro es el enemigo. Pero esos son tejidos de solidaridad que se recrean, y eso toma tiempo. El tipo de esperanza que podemos infundir y por la cual podemos ser llevados, es lo que llamo la esperanza trágica, una esperanza trágica que es fundamental porque, como decía, sin esperanza no hay ninguna democracia”.

    —Pero trágica no en el sentido de tragedia griega...

    “No, no, no. En el sentido de que es doloroso. Y que finalmente no debemos dejar lo que llamo las ideologías de la salvación, que nos han marcado tanto tiempo desde principios del siglo anterior...”

    —No dejarlas, sino que recuperarlas, ¿no?

    “Sí, sí. La única solución es la recomposición de las sociedades civiles tanto en el Norte como en el Sur, a partir de la condición que es ahora única: que a pesar de modalidades distintas, estamos frente a un modelo que se nos plantea como único.”

    (* Entrevista publicada en 1999 y rescatada a propósito de su venida a Chile este mes de Noviembre)