lunes, 3 de diciembre de 2007

PERIODISTAS: OBREROS DEL PENSAMIENTO AJENO... ( reactualizado con ocasión del Día de la Prensa 2011)

por Juan Jorge Faundes

El drama histórico de los periodistas chilenos y en general de los periodistas asalariados (les daremos este carácter aunque trabajen boleteando porque para los efectos prácticos es lo mismo) es vivir atrapados en su condición de cuádruples explotados.

¡Sí! ¡Cuatro veces explotados! Porque mientras el obrero de un aserradero con su fuerza de trabajo crea una sola mercancía: la madera, y el de una panadería el pan, y sufre por lo tanto una única explotación; el obrero periodista crea de una vez cuatro mercancías, en carambola, o a lo bomba de racimo, con efectos cada vez de mayor alcance: la información, el medio, la audiencia y el presente social de referencia.

LA MERCANCÍA
Como me resisto al fin de la Historia y de las Ideologías, y a que las ciencias sociales y la Economía Política sea cuestión de modas, y como prefiero decir con Robert K. Merton que “ahora casi acarrea prestigio reconocer la existencia de la lucha de clases” (por supuesto que lo dijo en 1949, con su primera edición de Teoría y Estructuras Sociales, lo que no implica que 58 años después la lucha de clases se haya extinguido sólo porque echaron abajo el muro de Berlín, o cayeron los llamados socialismos históricos de la URSS y Europa del Este, o se capitalizó el Partido Comunista chino, lo que no invalida la teoría económica que explica la explotación y la acumulación capitalista) me he propuesto examinar el trabajo de producción periodístico desde esta óptica.

En El Capital, Marx define la mercancía del siguiente modo:

“La mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior, una cosa que merced a sus propiedades satisface necesidades humanas del tipo que fueran (...) Cada una de esas cosas es un conjunto de muchas propiedades y puede, por ende, ser útil en diversos aspectos (...)La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso (...)El valor de uso se efectiviza únicamente en el uso o en el consumo. Los valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza, sea cual fuere la forma social de ésta (...) En la forma de sociedad que hemos de examinar, son a la vez los portadores materiales del valor de cambio... En primer lugar, el valor de cambio se presenta como relación cuantitativa, proporción en que se intercambian valores de uso de una clase por valores de uso de otra clase...”[1]

En resumen, una mercancía es un objeto que satisface una necesidad humana, que no se produce para el propio consumo sino con destino a su cambio, a la venta. Su propiedad de satisfacer una necesidad, de ser demandada por otros humanos, la hace ser un valor de uso. Su capacidad de ser cambiada por otro valor de uso, le imprime un valor de cambio. ¿Es el producto del trabajo periodístico una mercancía?

EL PRODUCTO PERIODÍSTICO COMO MERCANCÍA
Un texto periodístico, cualquiera sea su género (noticioso, analítico o de opinión), sin duda responde a una necesidad humana de información (de saber qué está pasando más allá de mi individualidad, o más allá de mi grupo de referencia, qué oportunidades o amenazas se nos presentan o ciernen). Tiene por lo tanto utilidad, es un valor de uso, y no es para mi consumo personal, es para que otros sepan qué está pasando, por qué está pasando, qué efectos tendrá lo que está ocurriendo, etc. El interés que despierta en otros le otorga un valor de cambio: puedo cambiar esta información por otro valor de uso, o por algo que represente el valor, como el dinero.

Un artículo periodístico es por lo tanto una mercancía: una mercancía-información. Si trabajo free-lance, vendo cada uno de mis artículos. Si trabajo empleado, mi salario es el precio por mi fuerza de trabajo y la empresa (el patrón) venderá la mercancía-información en el conjunto de artículos que componen su medio (diario, revista, radio, noticiero de TV, etc.)

Y aquí aparece la segunda mercancía: el medio, o mercancía-medio, que es como una carcaza que contribuyo a llenar con mis artículos, lo que también hacen otros colegas (en diversas cantidades, según el tamaño del noticiero de TV, diario, noticiero de radio, revista, diario electrónico, etc.). El medio es elaborado colectivamente por una gran y diversa cantidad de trabajadores, no sólo periodistas, y tiene valores de uso múltiples: sirve para la vigilancia del ambiente (la gente se entera de lo que está pasando: de las amenazas, de las oportunidades para cada uno, para su grupo, para la especie, construye modelos de situación y de contexto[2]); sirve para la transmisión de la herencia cultural[3]; para la correlación de grupos (organización, consenso, producción de respuestas apropiadas a problemas identificados con la vigilancia) y también es útil para la entretención[4], que son las funciones observadas en todo hecho comunicacional.
Luego, en virtud del consumo de la mercancía-medio, el periodista contribuye a crear la mercancía-audiencia (que es el grupo de lectores, televidentes, auditores o cibernautas que consumen el respectivo medio), la que es comprada por el mercado publicitario. Sabido es que los medios viven por la venta de audiencia (por el avisaje) más que por la circulación (venta de ejemplares).

La cuarta mercancía a la que el periodista contribuye es el Presente Social de Referencia[5], la visión del mundo socialmente compartida que cada individuo de la sociedad usa como referente para tomar sus decisiones y que renta beneficios a la burguesía comunicacional[6] en forma de poder, pues consiste en los temas y opiniones que a ella le interesan, y que ella instala, para ejercer su dominio e influencia. No es por casualidad que los grandes grupos económicos, en todos los países, monopolizan los principales medios de comunicación social. Se trata de tener el control sobre las agendas predominantes: sobre los temas de que la gente habla y de lo que opina sobre ellos. En estos 100 años, en Chile, previo al triunfo de la Unidad Popular y a la votación en el Congreso por Salvador Allende, en 1970, predominó una campaña del terror para disuadir a los electores primero y a los congresistas después. Luego vino la campaña de desprestigio del gobierno socialista y la creación de un ambiente propicio para el golpe militar. Aquella fue una batalla comunicacional por posicionar temas y opiniones en el presente social de referencia. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 aniquiló militarmente a los medios gobiernistas e independientes, apresó, torturó, relegó, exilió y asesinó a sus periodistas e impuso a sangre y fuego el dominio de los medios de la burguesía comunicacional. Pasaron varios años antes de que la prensa opositora a la dictadura fuera abriéndose paso.

En este punto relativo al presente social de referencia, cobra vigencia el concepto de violencia simbólica del sociólogo Pierre Bourdieu: “...más que la violencia física o cualquiera otra forma de coacción mecánica, constituye el mecanismo principal de la reproducción social, el medio más poderoso de mantenimiento del orden”[7]. Pues a través de la información se van inculcando formaciones mentales duraderas, que Bourdieu llama “hábitus”, que se perpetúan en el tiempo, y que podemos identificar como creencias, valores, normas, actitudes, etc. Pertenecientes a una cultura arbitraria que es vista por los consumidores de la información como legítima. Sin ir más lejos, este mismo ensayo puede ser valorado de manera negativa por lectores que han adherido a la creencia del “fin de las ideologías”, que en sí misma constituye una ideología que se erige sobre la supuesta eliminación de las ideologías pre-existentes.

En síntesis: el artículo de un periodista sumado a los muchos artículos de otros periodistas compone un medio y éste, por un lado crea audiencia que interesa a las agencias de publicidad y otros anunciantes, y por otro genera un presente social de referencia que favorece los intereses de la clase social que está ejerciendo el poder.

EL PERIODISTA ASALARIADO, UN OBRERO EXPLOTADO
Ahora, ¿por qué el periodista es un trabajador explotado?
De acuerdo con Marx & Engels la explotación se produce cuando el capitalista se apropia del plusvalor creado por la fuerza de trabajo del obrero, disfrazándolo de ganancia. Así, si con dos horas de una jornada de ocho el capitalista paga el precio de la fuerza de trabajo, su plusvalor será el equivalente a la mercancía producida en seis horas.

El periodista asalariado es explotado económicamente más que cualquier otro trabajador. Vende su fuerza de trabajo por un precio, pero la mercancía rinde cada vez más. Le genera utilidades al capitalista como información, como medio, como audiencia y como presente social de referencia. Pero, además, en este proceso de cuádruple explotación, el periodista se hace extraño a sí mismo, se le genera extrañamiento (que es una forma de locura: la ausencia de sí mismo, la posesión por otras entidades). El individuo es poseído y movido a crear pensamiento ajeno, con lo que contribuye a la enajenación de la audiencia y por lo tanto se hace cómplice. Muchas veces, ¿la generalidad de las veces?, el colega no se da cuenta de su enajenación. Y, dicho en términos coloquiales: “se cree el cuento” y se transmuta en operario del pensamiento ajeno.

Un famoso sociólogo norteamericano (C. Wright Mills) lo decía en su ensayo “El papel social del intelectual”[8]: “Si el escritor es el empleado de una ‘industria de información’, sus fines generales son determinados, por supuesto, por las decisiones de otros y no por su propia integridad (...) Entre el intelectual y su público potencial hay estructuras técnicas, económicas y sociales que son propiedad de otros y son manejadas por otros”. Para qué decir la claridad con que más de un siglo antes de C. Wright Mills, lo dijeron Marx & Engels:

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.
“La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia...” [9]

Hoy habrían incluido “al periodista”. Es que los intérpretes políticos de Marx y Engels en forma demasiado rápida redujeron la categoría de “obrero” y “proletario” usada por ellos, amplia, que incluía a todo hombre que en la necesidad de vivir y reproducirse él y su familia estaba obligado a vender su fuerza de trabajo, equivalente a la noción actual de “trabajador”, a un “obrerismo” jibarizador y castrador de la fuerza histórica de la clase proletaria; lo que resultó funcional en último término a la burguesía.

El “obrero”, el “proletario” es el dueño y vendedor de su fuerza de trabajo. Y ésta no se reduce al músculo, sino que incluye, explícitamente al cerebro: “...el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia necesarios para la conservación del poseedor de aquella (...) en virtud de su puesta en actividad, que es el trabajo, se gasta una cantidad determinada de músculo, nervios, cerebro, etc., humanos, que es necesario reponer...”[10] ¡Se gasta cerebro en la puesta en acción de la fuerza de trabajo! Y agrega: “Por fuerza de trabajo o capacidad de trabajo entendemos el conjunto de las facultades físicas y mentales que existen en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso de cualquier índole...”[11]. En consecuencia, la fuerza de trabajo no sólo es bruta, también es mental.

No pone Marx un límite, no dice cuánto músculo ni cuánto cerebro. Más bien, habla de trabajo “simple” y trabajo “complejo”. Este último, en una misma unidad de tiempo, crea un valor de mayor magnitud. Y de “valores de uso de cualquier índole”. El trabajo del periodista suele usar más el cerebro que el músculo (que se limita a sostener la grabadora y a golpetear las teclas del computador) y produce valores de uso de índole discursiva (mental) y social (cultural) como lo es la información en sus diversas manifestaciones (noticiosa, analítica, opinante).
No es por obra del azar que tres de los cinco mártires de Chicago fueron periodistas, un cuarto, tipógrafo y un quinto, carpintero: Adolf Fischer, alemán, 30 años; Albert Parsons, estadounidense, 39 años y Hessois Aguste Spies, alemán, 31, eran periodistas; Georg Ángel, alemán, 50 años, tipógrafo, y Louis Linng, alemán, 22, carpintero.
El periodista José Martí, corresponsal en Chicago de La Nación de Buenos Aires, escribió el siguiente relato:

...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable...[12]

El carpintero Linng se había suicidado en su celda para evitar la ejecución. Fischer había redactado e impreso la siguiente octavilla (de la que se imprimieron y distribuyeron 25.000 ejemplares el 4 de Mayo de 1886, en la plaza Haymarket de Chicago, luego de una masacre perpetrada por la policía el día anterior):

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!. [13]

Los periodistas protagonistas de los hechos iniciados el 1º de Mayo de 1886, tenían muy clara su condición social de clase trabajadora. De obreros. De proletarios. Como no fueron operarios del pensamiento ajeno, sino del propio, del anarquista, los ahorcaron el 11 de Noviembre de 1887.

LA MATERIA PRIMA DEL OBRERO PERIODISTA
¿Con qué materia prima trabaja, o sobre qué materia prima aplica su fuerza de trabajo el obrero periodista? El obrero periodista trabaja sobre los discursos de sus fuentes, es decir, con una materia prima informativa, discursiva. No es directamente con los hechos, o, mejor, rara vez siendo testigo de los hechos, más raro aún, experimentándolos. No obstante aún cuando así fuese, trabajará con su propio discurso: con su memoria, con sus apuntes, con sus grabaciones, sus fotografías. Porque la realidad es fugaz. Lo que ocurrió ya no vuelve a suceder. Las fuentes del periodista son individuos en algunos casos y, en otros, actores sociales[14]. Y el objeto: la actualidad en su devenir, en su fugacidad, en su improbabilidad, y en su impacto cualitativo y cuantitativo en la especie, en la sociedad y la cultura, en las clases sociales, en los grupos.

¿De qué manera transforma esa materia el periodista y le transmite un mayor valor? Reordenando aquellos discursos, desbaratándolos, relacionándolos, generalizando, omitiendo, distorsionando, construyendo una información nueva a la que le imprime su propio valor negentrópico (grado de incertidumbre que resuelve a los destinatarios), su propio valor situacional (su grado de pertinencia a los modelos de contexto, estrategias y políticas tanto del emisor como del receptor) y su propio valor en juego (aquellos efectos que quiere lograr, aquellos hechos sociales que quiere provocar)[15]. Es decir, construyendo pensamiento propio. El problema es cuando, dado que ha vendido su fuerza de trabajo, el periodista debe hacer de amanuense de su patrón y construir pensamiento ajeno.

¿Con qué medios de trabajo e instrumentos de producción cuenta el periodista? Aparte de los edificios, maquinarias y equipos de la empresa, el instrumento de producción por excelencia del obrero periodista es su cerebro.

¿Cuál es el salario promedio del reportero chileno?Un sondeo flash realizado por estudiantes de periodismo de la Universidad ARCIS el lunes 24 de septiembre de 2007 en los principales puntos de trabajo periodístico[16], mostró que el salario promedio de los reporteros es del orden de los 250.000 pesos (unos US$500). Lo que comparado con las utilidades de las grandes empresas que monopolizan el campo periodístico en los diversos formatos, particularmente la TV y el duopolio Mercurio-COPESA, revela una brecha gigantesca.

Sólo a modo de ejemplo: $13.036 millones de pesos (26 millones de dólares) fueron las utilidades totales de los cinco canales de televisión abierta el 2006[17]. Chilevisión alcanzó los 5.201 millones (10 millones de dólares) y el Canal 13 y TVN superaron cada uno los 3.000 millones (seis millones de dólares).

Pero hoy como ayer, la explotación del periodista no sólo es económica. Por sobre todo, sigue siendo mental: el periodista asalariado (aunque se le pague honorarios, lo que aumenta la explotación pues se le exprime hasta la salud y la pensión de vejez) debe articular sus neuronas y sinapsis para aplicar la línea editorial de su medio, para ceñirse al manual de estilo y otras normas que son el pensamiento estereotipado de su patrón, se les castra su capacidad de generar ideas propias y se le entrena como amanuense para adornar y hacer digeribles las creencias ajenas que justifican, sostienen y reproducen el sistema global de explotación.

En sus ojos usa lentes que filtran lo que debe ver y cómo lo debe ver. Y anteojeras que le ayudan a usar sólo la perspectiva del dueño (a quien no ve y ni siquiera conoce porque desde el amo hasta el esclavo hay una larga cadena de transmisión que culmina en “su” editor quien se refiere literalmente a él o ella como “mi” reportero o reportera).

Durante la dictadura tenía que ver “enfrentamientos” donde había “ejecuciones”. Hoy tiene que ver “vándalos” donde hay estudiantes y “delincuentes” donde hay furia social. Y hay infinidad de hechos que no ve, ni siquiera con la perspectiva del dueño.

Su código de ética, que lo impele a promover, fiscalizar y defender los derechos humanos, es letra muerta. Lo único vivo, es él. Y lo que contribuya a él. Y eso es en el actual sistema neoliberal que lo aprisiona con la camisa de fuerza del traje y la corbata en que lo obligaron a forrarse desde que inicio su práctica profesional y dejó de ser un combativo dirigente estudiantil.

Sin embargo, la relación de poder patrón-obrero no ha cambiado. Y mientras vender la fuerza de trabajo sea una necesidad, habrá que seguir laborando. El periodista es un obrero, un proletario, un trabajador. En la mayoría de los casos un obrero del pensamiento ajeno (y hasta un capataz de la violencia simbólica). Esa es la diferencia entre trabajar en una fábrica de zapatos y en una industria cultural. Sería injusto decir que la época de los periodistas anarquistas, cronopios, bohemios, poetas y opinantes, ha terminado; que se quedó en los 70. Hay viejos y jóvenes que demuestran lo contrario. Pero también nos toca aguantar a los que cuando alcanzan notoriedad, y de obreros ascienden a opinólogos y capataces mediáticos del poder, no presentan noticias, sino dictan discursos que les envidiaría un ministro del Interior.-
(Escrito y publicado en su primera versión en diciembre de 2007; reactualizado con ocasión del Día de la Prensa en Chile, con ocasión de la aparición de La Aurora de Chile, el 13 de Febrero de 1812)


NOTAS:[1] K. Marx, El Capital ( I, I, 1): http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/1.htm
[2] Categorías de la psicología cognitiva asumidas por Teun A. Van Dijk en sus análisis del periodismo.
[3] El texto periodístico, como todo discurso transmite ideología, representaciones o cogniciones sociales, guiones. En ese sentido, el texto periodístico es un "producto cultural", o sea, una variable dependiente de un sistema de variables llamado cultura. Ello implica que aunque biológicamente el destinatario realice la tarea de descodificar, de seleccionar el sentido, en el hecho está siendo manipulado a control remoto por la cultura emisora. Así, el destinatario es enajenado en su facultad de semiotizar, de construir discurso, de producir significación. El destinatario, en el vigente periodismo occidental de masas, no habla, es hablado por el sistema cultural que comparte y por quienes ejercen el poder de posicionar sus unidades culturales en ese sistema, no sólo el destinatario es “hablado”, sino también el propio periodista. (Cfr.: Juan Jorge Faundes M., «Retos que el periodismo plantea a su investigación y enseñanza en las universidades», en Alicia ENTEL (compiladora), Periodistas: entre el protagonismo y el riesgo, Bs. As., Paidós, 1997, p. 406.
http://www.dialogosfelafacs.net/articulos/pdf/51JuanFaundes.pdf)
[4] Harold D. Lasswell (las tres primeras funciones), Charles Wright (entretención).
[5] Gomis, Lorenzo. Teoría del periodismo: cómo se forma el presente. -- Barcelona : Paidós, 1991. -- 212 p.. -- (Paidós Comunicación / ; 22)
[6] José Javier Esparza (Valencia, 1963) es periodista y ensayista y al parecer (al menos según el buscador Google) el primero en usar este término: burguesía comunicacional, en el contexto de un artículo de crítica de espectáculos: “Mejide”, publicado en diversos medios de prensa española. La burguesía comunicacional merece un capítulo aparte, pero cabe señalar que uno de sus exponentes mundiales es Rupert Murdoch, estadounidense australiano dueño de News Corporation, que engloba The Sun, The Times y las cadenas satelitales Fox y Sky, entre una gran cantidad de medios de Norteamérica, Europa y Astralia. En lo local, Agustín Edwards y Sebastián Piñera son dos de sus exponentes.
[7] Bourdieu, Pierre & Passeron, Jean-Claude, La Reproducción. Laia, Barcelona, 1981.
[8] Publicado en 1964 en la colección Poder, Política, Pueblo (México - Buenos Aires, FCE, p. 228)
[9] K. Marx & F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1848, parte I, negritas nuestras: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
[10] Marx, El Capital, I, IV, 3
[11] Marx, El Capital, I, IV, 3
[12] Fuente: http://www.me.gov.ar/efeme/diatrabajo/primero.html
[13] Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Día_Internacional_del_Trabajo
[14] Un actor social podemos comprenderlo como un sistema compuesto por individuos que comparten una cultura, una suerte de entidad social, un colectivo, sea institución, organización, pandilla, familia, etc.
[15] Robert Escarpit, Teoría de la Información y Práctica Politica, Mx, FCE, 1983.
[16] Periódico electrónico Escuela de Periodismo y Comunicación Social ARCIS
[17] Superintendencia de Valores y Seguros de Chile (SVS).

@Juan Jorge Faundes Merino (Autorizada su reproducción citando la fuente)
Publicado en Indymedia.org

Etiquetas: , , , , , , , , ,

4 comentarios:

Blogger Cora ha dicho...

pensar que estamos aplastados por un sistema que no nos deja expresar nuestro propio pensamiento, el pensamiento desde la sociedad, priorizando el bien común, el bien publico, el bien social, es hacernos saber, caer en cuenta de que estamos subsumidos en un sistema donde la clase obrera (seamos explotados una o cuatro veces)somos el conjunto de la sociedad, que sin importar si somos periodistas, médicos, abogados, nuestro trabajo constituye un valor de uso y un valor de cambio. entonces con su reflexión me pregunto ¿sera el periodismo el que esta errado? yo creo que no. porque el problema no es que el periodismo dejara de ser objetivo, o que dejara de contrastar fuentes, es solo que el periodismo es una herramienta fundamental para la batalla de las ideas; pienso que en este modelo donde se cultiva la individualidad es difícil pensar en la colectividad, y los medios responden a una "individualidad" (una minoría, los que poseen los recursos y que vienen masajeado nuestras conciencias durante años para su propio beneficio). una vez decíamos que los medios de comunicación y la información responden al poder dominante, entonces ¿cual es el problema, el periodismo o el poder dominante?

"El periodismo es una artillería de más alcance, más largamente atronadora y más fuertemente destructora que los cañones".
Giordani

11 de diciembre de 2007, 2:43  
Blogger Raúl Flores Castillo ha dicho...

El producto del trabajo periodistico opera en el terreno material de las ideas. Y es allí donde el sistema dominante ejerce, por la dinamica de los intereses que representa, por su naturalización, por el caracter empresarial, por su condición de industria aliada al capital financiero, el mayor y celoso control. Basta ver las estructurs de propiedad de los medios.
En ese contexto, los imperativos éticos de información veraz, amplia, valor periodistico, periodismo critico, entran y entraran en conflicto. La propuesta de clausula de conciencia en el proyecto de Ley Estatuto del Periodista, sólo expresa la existencia de un conflicto latente y potencial, pero no resuelve el problema. Con seguridad habrá muchos periodistas, que deberán portar entre sus pertenecias un talonario de finicquitos previamente firmados.

14 de diciembre de 2007, 23:53  
Blogger marcelo celedon ha dicho...

nuestros ideales de jovenes que en un minuto pensabamos plasmarlo en una colunna de opinion o en una editorial, con tristesa vemos que nada de ello ocurrira, estamos sumidos en una sociedad en donde impera el regimen de mercado en donde cada frase o palabra que dijamos no sera juzgada con criterios periodisticos si no mercantiles en donde solo se buscara quedar bien con la linia editorial del medio en cual estemos trabajando. ojala podamos refundar el periodismo y hacerlo mas critico mas de trinchera, barricada y no convertirnos en simples voceros de un grupo que ostenta el poder economico.


Marcelo Celedón

17 de diciembre de 2007, 15:49  
Blogger marcelo celedon ha dicho...

nuestros ideales de jovenes que en un minuto pensabamos plasmarlo en una colunna de opinion o en una editorial, con tristesa vemos que nada de ello ocurrira, estamos sumidos en una sociedad en donde impera el regimen de mercado en donde cada frase o palabra que dijamos no sera juzgada con criterios periodisticos si no mercantiles en donde solo se buscara quedar bien con la linia editorial del medio en cual estemos trabajando. ojala podamos refundar el periodismo y hacerlo mas critico mas de trinchera, barricada y no convertirnos en simples voceros de un grupo que ostenta el poder economico.


Marcelo Celedón

17 de diciembre de 2007, 15:50  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal